Esta mañana me empezaron a llegar a mi FB una serie de comentarios acerca de un video llamado "Caracas Ciudad de Despedidas". Según entiendo, más no lo he podido comprobar, se trata de un video realizado por unos estudiantes para una entrega de comunicación social o periodismo o alguna carrera similar.
Después de leer un montón de comentarios insultando a los muchachos, y llamándolos de las peores formas posibles, sucumbí a mi malsana curiosidad y terminé viéndolo. El video dura 17 minutos y es francamente insoportable.
Son unos chamos hablando de como cada vez más sus amigos y familiares se van del país. Algunos están a favor, otros no tanto, unos se van, otros no. Hay algunas personas a las que la cámara los ama, y en el caso de estos chicos, a casi ninguno los favorece. No es que sean antipáticos, porque la verdad no creo que lo sean, pero creo que la forma como se editó los presenta, diciéndolo suavemente, como unos odiosos. Los caraqueños del este mandibuleamos todos, pero cuando uno lo ve desde afuera, choca más que cuando estás adentro.
Sin embargo, y como suele suceder con las iniciativas principiantes, tanto el video como sus participantes han sido inmolados en el fuego del cyber-hate. Los llaman sifrinitos, cotufas, mentepollos, les dicen que son unas mierdas, que no representan el sentir venezolano, que no son para nada reflejo del pensamiento nacional, que son unos pendejos, y algunos llegan más allá, diciéndoles que se vayan del país y que no vuelvan jamás. Ya tienen su propio trend en Twitter, ya están en el meme generator, e incluso salieron reseñados en La Patilla en un artículo obviamente diseñado para incitar más comentarios odiosos. La gente está subiendo el video en Youtube para poder burlarse de ellos, y para poder ensañarse más y más.
Sin embargo, yo difiero con la mayoría de las opiniones que he leído hasta ahora. Yo pienso que ellos sí tienen derecho a opinar lo que les dé la gana, así sea mandibuleado y mal redactado. ¿O es que acaso ya en Venezuela estamos tan acostumbrados a la mordaza en la boca que nos escandaliza una opinión distinta a la propia? Se ha formado una especie de dictadura opositora donde, al igual que los chavistas, todos repiten al unísono lo que les mandan a decir los "líderes opositores". Al que se salga un poquito de la línea, los demás le caen a peinillazos. En nuestro caso, ni siquiera hace falta una autoridad macabra que nos venga a pegar: nosotros mismos nos damos. La oposición está claramente en contra de la inmigración: la orden es de que nadie se vaya, todos se tienen que marchitar hasta que ellos logren afinar la fórmula mágica que va a acabar con los problemas. De hecho, recuerdo claramente una propaganda de Globovisión donde las principales personalidades del canal cantaban una canción en la que llamaban traidores y apátridas a los que decidían "abandonar el barco, como las ratas en un naufragio". Cuando terminó esa propaganda, borré a Globovisión de mi lista de canales y no lo volví a agregar jamás. Irónicamente, sé que los hermanos, padres e hijos de muchos de los cantantes escogidos para el evento ya se fueron del país.
Yo entiendo que el tema de la emigración se ha vuelto un concepto muy delicado para todos los venezolanos. Creo que en este momento, casi todos tenemos al menos un amigo, o familiar o conocido, que se fue. Y en algunos casos, muchos. También estoy clarísima que emigrar no es para todo el mundo. Para mí ha sido difícil, y yo era una convencida del tema. Me imagino que si uno se va teniendo leves dudas, será el doble de duro, y si tienes fuertes dudas, pues será infinitamente duro. También creo que cuando la gente tiene esas reacciones tan fuertes y tan severas, es porque de alguna manera le están metiendo el dedo en la llaga. Algunos porque no logran reunir el valor para tomar la decisión, otros porque están amarrados por terceras personas, otros porque les da ladilla... quien sabe. O tal vez es porque simplemente son de izquierda y no creen en la libertad del individuo de hacer lo que les parezca mejor con su limitado spam de vida. Cada quien hace de su culo un florero y busca quien se lo adorne, como pinta El Bosco. Y si estos chamos decidieron que en su tarea de la universidad iban a hablar de un tema que los atormenta, ellos también son venezolanos, y también forman parte del país, y también tienen derecho de decir lo que les venga en gana. Aparentemente, ya la Misión Jabón logró convencer a todo el mundo de que en Venezuela solo importa ese pueblo que está muerto de hambre y que no puede satisfacer las necesidades elementales, así que ahora la misma mal llamada oposición se encarga de auto-marginarse y termina haciendo lo mismo. Los sifrinos criticando a los sifrinos por serlo, qué irónico. La dictadura opositora es tan severa que ya nadie puede hablar en voz alta de los problemas del país sin recibir una lluvia de insultos por parte de sus "compatriotas". Hay que callarse, entonces, para poder pertenecer. De Venezuela solo se pueden decir cosas bonitas y cursis, como que hay arepas ricas, playitas incomparables y niñas bonitas. Hay que ponerse una venda en los ojos y Vic Vaporub en la nariz para no percibir el desastre escatológico que se desmorona a nuestro alrededor.
Entonces, para encajar en esta nueva clase media, todos tenemos quedarnos tranquilitos en casa, esperar las órdenes del magno líder supremo (el nuestro, no el de ellos), y estar atentos a cualquier movimiento en falso de alguien en nuestras redes sociales para atacarlo sin piedad.
Los chilliditos de cochino en Facebook o en Twitter ni te hacen más útil, ni te hacen más patriótico, ni te hacen más venezolano. Y como dice mi esposo, es tan hipócrita el que se queda y habla bien del país, como el que se va y hace lo mismo.
Al menos estos chicos hicieron algo, y eso es más de lo que puedo decir de la mayoría de sus detractores. Fue su primer intento y seguramente están sorprendidos con el resultado, pero probablemente ellos, a diferencia del resto, aprendieron algo de la experiencia y para la próxima, lo harán mejor.





