martes, 6 de mayo de 2008

Venezuela: el país de las pequeñas Alegrías

Vamos. No todo es tan negro, no todo es tan malo. No seamos exagerados y pesimistas. Este es un país que todavía tiene mucho que ofrecer! Los venezolanos, alegres y dicharacheros, siempre conseguimos la manera de buscarle el lado bueno a la situación, siempre andamos buscándole el queso a la tostada. Así sea una untadita de Cheeze Weez, se lo encontramos.

Seguramente en el último año, después del terrible recuento de un robo a algún conocido, usted habrá escuchado (o dicho!) la siguiente frase:
"Bueno, gracias a Dios que no te pasó mas nada!"
Y todos quedan muy satisfechos porque a la persona en cuestión le robaron sus pertenencias, durante unos momentos muy estresantes y peligrosos, pero "corrió con la suerte" de que el malhechor no era muy creativo y de que no terminó decorando el estar de alguna casa envuelto en Envoplast. 

Muchas veces, esa misma persona que fue víctima del hampa, cuya vida peligró, y cuyas pertenencias perdió sin remedio, tiene que sufrir fuertes recriminaciones de sus allegados, quienes invariablemente descubren una falla en su sistema de seguridad personal, y terminan echándole la culpa de su robo: "Bueno pero quien te manda a andar por esa zona a esa hora". (yo misma le dije eso a mi pobre esposo una vez, refiriéndome a Plaza Venezuela a las 2 de la tarde, por lo cual me disculpo). O: "Tú no sabes que en la cola no se puede andar hablando por celular? Y menos ese coroto que tienes tú, que es un imán para los choros!"

Recientemente, gente cercana a mis amigos han sido víctimas de la nueva plaga nacional: el secuestro. Express o Auto-Mac, la respuesta de todos los que escuchan la cruenta historia (una vez recuperada la pobre alma) es la misma: "Gracias a Dios que no te lo mataron". Y la mejor: "Menos mal que los choros eran panas, hasta me dieron unos tips".

En nuestro afán de verle el lado bueno a todo, no nos detenemos ahí. Yo he observado que la gente a mi alrededor, y para qué negarlo, yo misma, nos estamos alegrando por las cosas más pírricas que se nos pueden ocurrir. Si un día no nos encontramos la horrorosa cola de siempre, llegamos sonrientes a nuestro destino: "Que bien! No me agarró casi cola! En vez de tardarme una hora y media me tardé solo 45 minutos en recorrer los 6 kilómetros!". Si vamos al supermercado y conseguimos leche, es un éxito rotundo! Yo me emocioné el otro día al borde de las lágrimas porque conseguí Leche Líquida Descremada, cosa que no había visto en un año. Llegué a mi casa a comer cereal a las 3 de la tarde, solo porque podía. Aunque mi emoción fue nublada por una señora que apareció de la nada (todavía no estoy segura si brotó del suelo o saltó por encima de la nevera de los quesos),  y miró mi carrito con ojos desorbitados, chirriando entre dientes "Donde conseguiste eso?", señalando mis dos tristes litricos con un dedo torcido y arrugado, con un anillo enorme y feísimo colgando de un lado. Tímidamente, le señalé un anaquel vacío: "Allá, pero eran los únicos que estaban...". La señora miró nuevamente mi leche y luego me dirigió una mirada caculadora y fría que me hizo tragar seco. "Eran los últimos que habían.... ay mijita.... tu si tienes suerte"....  Lo cual me estresó más todavía, así que empujé mi carrito, y cuando estaba como a un metro de ella, le dije: "Si, verdad? Tengo muchísima suerte. Hace un año que no tomo leche." Y me alejé, casi corriendo. (De más está decir que luego no podía alejarme de mi carrito ni un metro, y al final hasta me apresuré en pagar por si acaso.)

Nuestro optimismo es tal, que incluso sentimos una gratitud enorme cuando nos atienden bien en un restaurant o en una tienda. Este es el único país en el cual la fidelidad de los clientes se logra solo con no insultarlos. Yo he llegado incluso a tratar de reforzar esta actitud: cada vez que alguien me atiende bien, le digo unas 4 o 5 veces: "Muchísimas gracias, muy amable". Afortunadamente esto no me pasa casi nunca, no tengo madera de docente. Y si es un mesonero y me trata con cierta cordialidad, aunque no me sonría, y me trae lo que pedí en un tiempo más o menos razonable, le dejo una propina hermosa. Para todo el que haya puesto un pie en un local comercial en Caracas, está clarísimo que esta situación es, en el mejor de los casos, rara, así que no me preocupo por mis finanzas.

Un caso que encuentro frecuente y curioso, es la reacción de la gente a los sucesos políticos del país. Nos montan un control de cambio, y la gente agradece que "por lo menos tenemos los 3000 dólares". Nos quitan 2600 para financiar sus desastres providenciales, y la gente dice "bueno, pero por lo menos dejaron algo". Tenemos 10 años agonizando en la más pura miseria, pero "qué alegría tan grande que no nos oficializaron comunistas en la reforma". Cierran las fábricas y las fronteras, pero "por lo menos no han cerrado Globovisión". 

Es oficial: hay que agregar a la larguísima lista de virtudes neo-modernistas del venezolano, esta nueva característica optimizadora del caos, que nos permite seguir viendo la vida amarillita y brillante, como siempre.

No ha pasado nada, que no cunda el pánico. Esto todavía no es una dictadura. Este muérgano quiere llevarnos a un comunismo, pero no lo va a lograr. No-lo-vamos-a-dejar.


4 comentarios:

Anónimo dijo...

jaja ja, el venezolano es genial,o sea ayer estabamos muy contentas porque menos mal que la supercola solo era hata mas abajito de la britanica, tuvimos dos horas tratando de salir de los palos grandes, pero despues celebramos que no fueron como cinco. jajaja, es mejor reirnos pa no llorar.mamá.

Cronopio dijo...

Como siempre, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y, sobretodo, con la manera en que lo dices. El Venezolano, además de tener un locus de control externo horrible, tiene una capacidad negadora asombrosa. Siempre cuando hablo de este tema rescato de mi memoria una frase de Ibsen Martínez: "El venezolano es de los pocos ciudadanos que cuando toca fondo, empieza a cavar". Siempre nos superan las miserias, pero instantáneamente las compensamos con fantasías y discursos de resignación que nos hacen consolarnos de que "efectivamente podríamos estar peor".
A eso se le suma un proverbial desprecio por el otro, un irrespeto constante por los derechos de los demás, lo que sin duda contribuye a este caos. Es decir, la gente piensa "mientras yo esté bien, todo bien" sin detenerse a pensar en los demás. De ahí los abusos, los malos tratos en los negocios, la corrupción en todos sus niveles, etc.
Como dice el padre de un apreciado amigo: "Venezuela no es un país, es un gentío".
Muchos abrazos Vane, leerte sigue siendo una sana y hermosa costumbre.

ghosty dijo...

Brindo po eso, ya compre el sofa-cama para cuando vengan :D

Der Pratter dijo...

Pana, hoy me acordé burda de esto que escribiste.

Fui a un sitio a pedir si por casualidad, por misericordia, podían hacerme un trabajo antes del viernes. Mi esposa me encomendó la sagrada tarea y me dijo "recuerda que 'NO' es siempre la primera respuesta, así que... jala bolas".

Al llegar al sitio, puse el charm a mil, solicité el inconmensurable favor (es su trabajo, pero es un favor), y cuál fue mi sorpresa cuando me soltaron, de una, el mítico y nunca bien ponderado "Claro, ¿no quieres esperar mientras lo hacemos? Son veinte minutos".

Por supuesto, seguí tu consejo: "gracias, MUCHISIMAS gracias, no tienes idea, muchas gracias, gracias"

gracias :)