miércoles, 16 de enero de 2008

Y quien lo iba a pensar...

Para aquellos que nunca han venido a Caracas, o que tienen tiempo que no vienen, la situación con respecto a la seguridad aquí se ha vuelto todo un tema de conversación. Dado que nadie se ha ocupado de esto en los últimos 10 años, y que además el gobierno ha eliminado el cumplimiento de toda norma (con excepción de las relacionadas con pagos de impuesto y control cambiario!) el hampa común y no tan común aquí es parte del paisaje.

Las terribles colas de la autopista, por ejemplo, son un sitio perfecto para que cualquier malandro te despoje de tus bienes: celular, anillos, relojes, portátil... cualquier cosa que quede a la vista en el carro. Mis condolencias a los fumadores: ya ni siquiera tienen el consuelo de fumarse su cigarrito con tranquilidad en el medio de una cola de dos horas porque no se pueden bajar los vidrios sin arriesgar la salud.

Una vez en la zona fresa de la ciudad de Guatemala, en un restaurante muy elegante, me amarraron la cartera a la silla con un tie-rack. Mi cara de perplejidad fue contestada por una sonrisa del mesonero: "es para que no le lleven la cartera, señorita". En Ciudad de México me aconsejaron que mantuviera mi cartera frente a mi todo el tiempo, ya que es común que te la rajen con una navaja y te saquen hasta una foto. En Colombia los problemas son de otra índole, pero hay ciertas zonas (en el sur de Bogotá, por ejemplo, bien al sur) donde instintivamente uno se cruza la cartera y le pone una mano encima.

Curiosamente, habiendo estado en tantas ciudades latinoamericanas de mala fama, y siendo habitante de la de peor fama, la primera vez que me robaron la cartera fue en Madrid.

Saliendo de una tarde de cultura, de curiosear entre magníficas obras de arte, en el museo Reina Sofía, con un frío divino, nos fuimos a tomar un café en el archiconocido Starbucks que está atrás frente a la plaza. Entre una cosa y otra, el primer mundo y tal, la civilización, mira que ordenado es todo aquí, que linda es la gente y que amables son, mira que ya son las 6 de la tarde y aún nadie me ha gritado, etc etc, resulta que puse mi cartera en el respaldar de la silla, (afortunadamente, tenía monedero en la mano), y automáticamente, producto de mi prolongado entrenamiento paranoico de vivir en Caracas y trabajar en el CCCT, pensé: "hmmm, no debería poner la cartera aquí, me la pueden robar". Y una vocecita aguda e ingenua respondió, con acento ibérico: "hala, es solo un momentito mientras ponemos el café en la mesa y le echamos azúcar, total, aquí todo es taaaaan lindo"...

Y zuazzz, el baño de agua helada de la realidad apagó para siempre la vocecita ingenua madrileña, ya que terminé en una comisaría declarando a las 8 de la noche, y tuve que dedicar una mañana a hacer una cola larguísima en el consulado venezolano para poder salir de España.

Esto pasó en el primer día de mis vacaciones. Francamente hubiera preferido que no pasara, ya que ahora me enfrento con un largo año para tratar de volver a maniobrar el pasaporte, sin embargo, tengo que admitir que me puso en perspectiva durante todo el resto del viaje.

Y con todo y eso, la última noche, cuando nos fuimos de la Plaza del Sol a dormir al hotel para tomar el vuelo a Caracas al día siguiente, me monté llorando en el metro porque no me quería ir...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me dió mucha risa lo de la "vocecita aguda e ingenua", y me molestó mucho el llanto por volver a tu país.

A pesar que no me gusta lo que está pasando, ni me gusta el camino por el que vamos, mi llantó saldría al pisar Maiquetía por última vez y dejar a una tierra como esta para "probar suerte" en otro país extraño, dejando atrás a otras personas que me aprecian y quieren muchísimo.

No me malinterpretes, pero de verdad que nunca he estado de acuerdo con emigrar, y eso que lo he pensado en infinidad de oportunidades. Al final, los problemas serán otros, las situaciones serán diferentes, pero siento que NUNCA será lo mismo estando alejado de lo que siempre ha sido mío.

Mi sentimiento en ese sentido es como vivir en casa ajena, y eso no me agrada.

Anyway, siempre tendrán nuestro apoyo estando en Brasil, Argentina, España, USA, Canadá, Marte, Plutón o Júpiter.

Heishiro

Vanessa dijo...

Ya no puedo seguir usando el término "querido lector inexistente", porque al menos uno existe! :S

Lo de llorar por regresar es un tema largo, luego escribiré sobre eso.

Anónimo dijo...

Esa entrada en el blog será muy interesante...

Heishiro.