lunes, 17 de marzo de 2008

Los cuatro ejes

¿A qué genio trasnochado se le ocurrió que Hilary Clinton era una buena alternativa para gobernar un país? ¿No podríamos seguir experimentando con gobiernitos minimalistas de bajo impacto como el de la Bachelet y la Kirchner? Yo no me quiero ni imaginar lo que va a pasar cuando la Clinton se percate de que Bachelet está más flaca que ella. O en lo que se le atraviese el francés con su modelito, (la igualada esa). Enfriamiento de las relaciones con Francia, renegociación del TLC con Chile. Y no le pienso contestar ni un correo a la perra esa.

Hace algún tiempo, mis amigos varones desarrollaron la siguiente tesis: las mujeres piensan y actúan principalmente por envidia. Hicieron la siguiente observación: los sabios publicistas, cuando le quieren vender algo a un hombre, le muestran una mujer bonita al lado de su producto, insinuándoles que si lo compran de alguna manera ella vendrá en el paquete. Por el otro lado, para venderle a una mujer, les muestran una mujer bonita usando el producto.

Después de argumentar y discutir esto por horas (yo antes era medio feminista), terminé dándoles la razón. Es cierto: en la mayoría de los casos, la envidia femenina es el incentivo más poderoso.

Los cuatro ejes de nuestro principal motivador son: el marido, la belleza, el peso corporal, y el dinero, aunque no necesariamente en ese orden. Yo particularmente soy de la opinión de que no hay mujer fea sino pobre, por ejemplo. Y normalmente, son las feas las que opinan que la belleza es superficial y que lo que importa es el interior.

Los parámetros relacionados con el éxito profesional y la realización personal suelen ser secundarios. Claro que siempre habrá una que atrofiando las estadísticas, se inquieta por un postgrado o por no haber leído algún libro, pero son casos muy puntuales. Si se cuenta con ellos, actúan como un plus, pero nada más. A ella la ascendieron, pero yo tengo marido. (O si no pregúntenle a Mimí, que tiene como 8 años hablando del tema).

Volviendo a nuestro grupo de control, la dinámica que surge espontáneamente como esporas en un pedazo de pizza olvidado debajo del asiento del carro, es siempre la misma. Las que no tienen marido envidian a las que lo tienen: la pregunta es ¿por qué ella sí y yo no, si es una perra?. Las que están casadas piensan para sus adentros: porque eres una perra. Las que tienen marido se lo restriegan a las que no, e intentan cruzarlas con cualquier soltero o divorciado peoresnada que se consigan malparado. Pero una cosa si es definitiva: la obtención de un marido, así sea un esperpentro, es una victoria per se para cualquier mujer.

Luego viene el conflicto de la belleza. Se puede dividir a la gente en muy fea, normal, y sobresalientemente bonita. Las realmente feas usualmente se dan por vencidas en su pubertad y se tornan personas simpáticas, cultas e inteligentes. Una que otra, careciendo totalmente de simpatía o inteligencia, puede seguir insistiendo por el lado de la apariencia, y con los avances quirúrgicos actuales, seguramente ya parece un ser de otro mundo. Literalmente. Las normales van para un lado y el otro, tienen días buenos, días de pelo rebelde, días hinchados, días lindos. Seguramente la mayoría de los días no se sienten muy conformes con el resultado. Las bonitas fluyen a través del mundo como condón lubricado, ya que por lo general consiguen todo lo que quieren con un aleteo de pestañas y un movimiento diagonal de hombros. También es cierto que las niñas bonitas no tienen la culpa de que la mayoría de los hombres sean idiotas.

En este campo, la guerra a muerte se encuentra en las filas del medio: las normales. Las feas y las bonitas lo serán siempre, tienen la guerra ganada o perdida, y no se molestan en entrar a competir. Mientras, las del medio se deshuesan unas a otras, tratando de correr hacia el lado de las bonitas, mientras son inmisericordemente empujadas hacia el de las feas por el resto. Nada como una mujer para hacer sentir fea a otra.

Luego viene el escabroso tema del peso. Las flacas, las gorditas, las realmente gordas. Las flacas son las esquinclas que no tienen ni 5% de grasa corporal encima, que comen como camionero norteamericano, y que siempre andan diciendo cosas como "ojalá yo pudiera engordar, es que soy demasiado flaquita, soy talla 2, y mira que como muchísimo..." mientras la gordita se come una lamentable lechuga con atún en agua sin aderezo. Hay algunas que se fueron a los extremos y decidieron que comer era más importante que cualquier otro tema, autodenominándose "gordas felices". Yo no me creo totalmente ese cuento, porque muchas veces he visto a una gorda feliz entrar furtiva a comprar pastillas azules y unirse a la lucha. Finalmente, en las filas del medio, quedan las que tienen que matarse a dieta y correr más que Forrest Gump para poder comerse un dulcito de la Mozart. Las que se meten todas las pepas y diuréticos que salen al mercado, se pinchan, se cortan, se fajan, se frotan, se echan cremas, ensalmos, se chupan, se cosen y se engrapan, con tal de verse más o menos bien, sin llegar nunca a estar conformes. Esas son las que se están midiendo constantemente entre ellas. "Aquella tiene una faja puesta, se hizo la lipo, viste? ". O "tú siempre estás a dieta" con un tonito como de lástima, ya que ella no hace dieta, pero se la pasa intoxicada de químicos y tiene dos liposucciones encima. Están las que se engañan con la talla "yo soy talla 2 pero uso 4 porque me gusta la ropa flojita" (y uno ve de reojo ese cierre cuyos ganchitos se agarran unos a otros precariamente, cual dique holandés). Las que subieron de talla pero se niegan a aceptarlo, y andan con su talla anterior, luciendo como un pollito saliendo de su huevo. Y las que empiezan a dar explicaciones precipitadas apenas perciben a otra que está a dieta, como si fuera un dedo gigante apuntándole sus imperfecciones: "yo estoy gordísima, tengo que hacer dieta, tengo como 2 kilitos de más" aunque todos saben que son muchos más.

Finalmente, el tema del dinero. La carterita Coach, el revestimiento de ositos Tous, las tetas nuevas, los zapatos de Nine West. El carro del año, las vacaciones más largas. Sugerir los sitios más caros para los almuerzos corporativos, pedir los platos más caros del menú, y luego repartir la cuenta en partes iguales, aunque unos comieron ensalada y otros, langostinos. Las que no tienen dinero sencillamente se salen de esta competencia afanadas por sobrevivir, comer y transportarse. Otras luchan con las apariencias: buscan ofertas, sugieren restaurantes más baratos pero "con un chef buenísimo que me recomendó Sumito", se enferman los días de cumpleaños de los compañeros para evitar la incomodidad de pedir que se divida la cuenta según el consumo de cada quien (por Dios, qué lambusia), se operan con el cirujano 2x1 de los encartes del domingo. El número de items de marca de moda desplegados simultáneamente es inversamente proporcional al tiempo que esa persona haya sido acaudalada.

En detrimento de nuestra calidad de vida, una buena parte de nuestro tiempo se consume dentro de estos paradigmas. En muchos casos, las mujeres recibimos mejores y más rápidas recompensas por el uso de los atributos físicos que por el de los intelectuales, reforzando aún más este comportamiento. Sin embargo, los paradigmas modernos están cambiando hacia otro tipo de mujer, más versátil, menos florero, más útil. Tenemos que ser profesionales, educadas, modernas, mamás, sanas, atléticas, bonitas, familiares, astutas, amas de casa. Tenemos hacer post-grado, tener hijos, comprar casas, en un tiempo predeterminado, sin descuidar a los papás, a los suegros, a los hijos, a los estudios, y a los amigos. Y sin descuidar nuestra apariencia, porque no solo hay que ser, también hay que parecer. Sin perder nuestra activa, dinámica y creativa vida sexual, porque el marido es lo más importante. Y obviamente, con atención especial a la salud, porque sin ella no somos nada.

Yo pienso que la vida suele ser dura y difícil, y a veces siento que las mujeres tenemos ciertas desventajas en el contexto actual, algunas de las cuales son físicas (I´m the mommy, y eso es intransferible), y otras son autoimpuestas. Por eso muchas veces no entiendo por qué no podemos simplemente dejar que esta se aparezca despelucada en la oficina sin soltar un comentario malicioso, que la otra se inyecte botox hasta en las orejas, o que la de más allá se haya engordado 5 kilos en sus vacaciones.

Un poquito de laissez-faire en nuestras relaciones con las otras féminas podría mejorar considerablemente nuestra calidad de vida.

8 comentarios:

Linus Lowell dijo...

Leyendo tu post se me ocurrió otra teoría. Quizás el problema es que las mujeres, por culpa de un condicionamiento social, han tenido que aprender a sublimar la sexualidad. Me explico: los hombres tenemos fama de ser básicos y de querer "siempre lo mismo". Yo pienso que las mujeres se parecen bastante a los hombres pero enmascaran la crudeza de esos "bajos instintos" en los ejes que tú enumeras. Un biólogo diría que el marido, la belleza, el peso corporal y hasta el dinero no son más que indicadores del "éxito reproductivo" y de ahí la envidia de que otra lo logre antes. En definitiva: creo que somos la misma cosa pero en diferente empaque. Si esta teoría temeraria que me acabo de inventar fuera cierta, un gobierno femenino sería tan malo como uno masculino,pero con el aliciente de que sería menos violento. Kirchner y Clinton (las presidentas) hablarían con envidia de sus bolsos y sus kilos; mientras Chávez y Sarkozy hablan de tanquetas y Carla Bruni.

Vanessa dijo...

Bueno, mi esposo dijo algo similar: él piensa que los hombres también se miden constantemente entre ellos. Las razones son distintas, pero simplificando las teorías, todos estamos compitiendo constantemente.
Este post originalmente se trataba de la amistad entre mujeres, y tratando de descifrar esa leyenda urbana traté de analizar el origen de la competencia entre las chicas, y finalmente se me puso muy largo y decidí dejar el otro tema para después, para un momento menos "sensible".

ghosty dijo...

amistad entre mujeres ?, pense era un mito... uh

Agustin dijo...

querido ghosty, eso no existe. pero mi teoria acerca del tema la dejo para cuando vane saque el post sobre "amistad entre mujeres, mito o realidad?", estoy seguro que tendra muchas cosas parecidas con mi teoria

Anónimo dijo...

Creo que no se puede generalizar. No todas las mujeres piensan y actúan por envidia. Si existen mujeres que hacen eso, y de hecho tengo vecinas que actúan de esa manera.

En cuanto a lo de tener envidia por el marido creo que los hombres a estas alturas de la vida, están como que rayados y la situación es diferente. Hoy en día las mujeres solteras están muy felices porque no han terminado jodidas por un hombre.

E insisto... No se puede generalizar.... No todos los hombres son idiotas.

Los hombres tienen también sus competencias como dijo tu esposo, que van desde el carro, hasta ustedes mismas. Pero igualmente no veo cual es el punto en competir. Sería mucho mejor ayudarnos y dejar la envidia a un lado, tanto en los hombres como en las mujeres.

Vanessa dijo...

Querida Anónima:

Me parece que estás un poco confundida. Primero me pides que no generalice, y luego generalizas tú.

Discordo de tí: las mujeres en general operan por envidia y la competencia con su "mejor amiga" puede llegar a ser tan feroz como la competencia con los compañeros de trabajo por un ascenso.

Evidentemente hay excepciones, como lo dije antes. Todas aquellas mujeres de las que se dice "habla tranquilo frente a ella, es como un amigo más" entran en esa categoría.

Ahora, analicemos un poco tu comentario. Cuando me dices la frase "todas las mujeres solteras están muy felices porque no han terminado jodidas por un hombre", se cae todo tu argumento, que iba muy bonito y muy Walt Disney hasta ese punto.

En esa frase, simple y magistral, estás:
1. generalizando que las mujeres solteras son todas MUY felices (francamente, conozco más de una que está a punto de comprar un marido en Tailandia)
2. generalizando que todos los hombres han de joder a las mujeres (lo cual puede ser verdad, habría que esperar a ver, pero sigue siendo una generalización medio injusta)
y de esto se deriva
2.1. que eventualmente, mi esposo me va a joder a mí. Es decir: que yo creo estar feliz, pero mis amigas solteras son más felices que yo.

hmmm....

Pero, esta es solo mi opinión! Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia, lo juro!

Anónimo dijo...

Creo que me expresé mal, porque dudo que tu hayas malinterpretado.

Lo que dije con respecto a que "no todas las mujeres actúan por envidia", cosa en la que insistes, no creo que sea verdad.

Lo bueno de la raza humana es que existe bastante diversidad, y cada quien puede pensar diferente. Yo honestamente no creo que todas actuemos así. De hecho, si te pones a pensar, estas diciendo que tu misma entonces actúas de la misma forma... ¿No crees? ¿A quien envidias tanto para basar tus actos en ella?

Cuando dije que me expresé mal, me refería a la frase donde dije "las mujeres solteras estan muy felices"... Ahí no quería generalizar, cosa por la que me disculpo. Muchas mujeres solteras están felices por no haber sido jodidas por un hombre, y de hecho, ven la soltería como una maravilla antes de estar casada.

En cuando a los hombres, que jodan a las mujeres, no todos tampoco son así y a lo mejor tambien sonó a generalizado.

Espero que no te moleste lo que digo, pero de verdad que me parece injusto que encierres a todas las mujeres en el mismo saco diciendo que todas actuamos por envidia.

Vanessa dijo...

Para nada me molestan las opiniones contrarias a la mía, y si, me estoy incluyendo en el grupo. De hecho es una reflexión personal que concluye hablando del laissez-faire en las relaciones interpersonales.

Me preguntas a quien envidio? Envidio a todas las ingenuas que creen que no envidian a nadie! ;)