jueves, 14 de febrero de 2008

La Anti-Dieta

Desde que estoy chiquita, he estado luchando contra los kilos de más. Siempre he tenido sobrepeso: a veces más, a veces menos. Como la mayoría de las mujeres, pero mucho más, estoy siempre a dieta. "Eso no porque engorda". "Aquello tampoco porque engorda". Mi mamá opina que hasta el agua engorda. Y como dicen por ahí: el que engorda es uno.

La detestable Scardale, por allá en los ochentas, me hizo odiar los jueves:
desayuno: café negro con edulcorante y media toronja
almuerzo: 2 huevos, queso ricotta, 1/4 de calabacín, 1 tostada, café
cena: media pechuga de pollo, lechuga sin aderezo, café

También me hizo odiar la toronja, el queso ricotta y hasta el café.

Con Herbalife perdí miles de kilos, en unos almuerzos maratónicos donde cada una sacaba un pastillero con 12 pastillitas (no olvidar el guaraná, las Thermojethics que olían a demonios y la enorme pastilla para ir al baño que sabía a grama). Exhaustas y con la barriga llena de agua y de pepas, ya nadie quedaba con ánimos de comer: lo que provocaba era llorar un poquito. Recuerdo que una vez almorcé con una amiga y un amigo recién llegado de México, y ambas sacamos nuestro pastillero y metódicamente comenzamos a tragar pepas y más pepas. El pobre chico quedó absolutamente aterrorizado y no nos volvió a invitar. Esos kilos los recuperé con un bonito adicional apenas me harté de cargar el pastillerito.

Luego vino el incomparable Slim-Fast. Las merengadas que sustituían la comida. Lo mismo que Herbalife pero sin el pepero. ¡Eso es!, me dije. La primera merengada de chocolate, qué delicia! Sabía a gloria, ¡Voy a adelgazar tomando rica merengada!. A los pocos días cambié a vainilla porque arqueaba cuando olía el pote. Poco tiempo después estaba regalando el de vainilla y conseguí otro de frutas, que duró un par de horas, y eso fue todo.

Decidí que no más merengadas y pastillas: tenía que ser the real thing. ¡El gimnasio!
Pagué la inscripción, como todo buen cristiano, fui un mes, como todo buen cristiano, y eso fue todo para mí. Tres inscripciones después, y la misma cantidad de kilos de más, decidí que no más vacaciones para los dueños de los gimnasios.

Luego me fui por la vía fácil y cara: un nutricionista. Este doctor me recetó una dieta perfecta, infalible e imposible. Iba más o menos así:
Desayuno: 34 gramos de pan de centeno con ajonjolí ligeramente tostado en horno de leña, 12 gramos de jamón magro sin la conchita, 24 gramos de queso ricotta
Almuerzo: 125 gramos de pechuga de pollo, 35 gramos de pata de pollo, 8 gramos de lechuga con 1/4 de cucharada de vinagre y 3 pepitas de sal
Cena: lechuga

A menos que me hospitalizaran en una clínica para estrellas de Hollywood tipo Britney, no había forma de seguir semejante régimen y tener una vida. Con el Nazi de las Dietas duré poquísimo, y como siempre, recuperé más de lo que había perdido al dejarlo.

Luego vino Vanidades y su edición especial "Dietas para todos los días". La más memorable fue la dieta del huevo: toda la gente que conozco pronosticó mi muerte inminente. Sin embargo, me fue hasta bien, y aquí se las pongo para que no digan que soy egoísta:
Desayuno: huevos
Almuerzo: huevos
Cena: huevos
* Se puede agregar todo tipo de jamón y queso a las comidas, sal en bajas cantidades, y el huevo puede ser revuelto, duro, en omelette y crudo.

De más está decir que después de esa semana, pasó algún tiempo antes de que probara el huevo.

De ahí pasé a la dieta de los puntos. Es la más fácil y la más exitosa. Esa la hice como por dos años, hasta llegar un momento en el que veía la comida como Neo veía la matriz: una manzana 18 puntos una cebolla 11 puntos una barra de granola 8 puntos. Esa dieta tiene una ventaja: un vaso de vodka o una copa de vino tienen un punto, y en varias ocasiones me tocó tomar sopa después de una noche de 4 o 5 puntos de alcohol..

Sin embargo, todo llega a su final, y tuve que dejarla por haberme aburrido de tanta proteína y de tanta sumadera, y porque decidí que quiero comer diferente. Por lo tanto, voy a hacer la Anti-Dieta que propone el Gobierno: no como carne, ni pollo, ni huevos, ni leche, cereal, avena, toddy, ni nada que tenga azúcar, nada de harinas de trigo, cero aceite (solo oliva), ni ninguno de los derivados de estos alimentos.

Luego les cuento como me va.

4 comentarios:

Der Pratter dijo...

Esa es buenísima! Un tanto baja en proteínas para mi gusto.

En el fondo, nos están haciendo un favor, velando por la salud del pueblo. Parece que en Cuba fue un éxito total. Todo el mundo es flaquito... y dócil.

Agustin dijo...

lo que me molesta no es la idea de hacer la dieta "chavista". lo que me molesta es que me esten obligando a hacerla :D.

Anónimo dijo...

ESTOY EMPEZANDO A PREOCUPARME SERIAMENTE POR TU SIQUIS Y LO QUE YO TENGO QUE VER CON ELLA. MAMA.....

Vanessa dijo...

Bueno, que no se diga que mi sentido irónico no es hereditario!